En esta semana, tras su presencia en la inauguración de los Juegos Panamericanos Junior ASU 2025, el presidente fue consultado sobre los mensajes filtrados que salpicaba a su ministro de Inteligencia, Peña esquivó la pregunta respondiendo: “Deportes, papá, otro día vamos a hablar de eso”.
Por Mario Larroza
Santiago Peña se encuentra en la misma situación que aquel sepulturero de El Infierno Artificial, el cuento de Horacio Quiroga incluido en Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917): preso en un mundo que no existe.
Eso no es todo. Lo simpático del paralelismo es que el personaje de Quiroga vive en un paraíso artificial provocado por las drogas, mientras que Santiago Peña vende —o fabrica— un paraíso que tampoco existe, de la mano de los promotores del narcotráfico y el crimen organizado en el país.
A más de un siglo de aquella historia, el teatro de las alucinaciones sigue con todo, en disociación con la realidad: Santiago Peña recorre el mundo vendiendo el país como una tierra de oportunidades. En foros internacionales, con una imagen de que las cosas marchan a la perfección, proclama las bondades de su gobierno, mientras que en casa el escándalo de los chats de Lalo Gómez destapa la red de corrupción que impera en la justicia. Es decir, Fiscales, jueces y ministros quedan expuestos, pero Peña, en un acto clásico de su actuar político, desapareció.
Desde su asunción a la presidencia, incontables son las veces que manifestó las ganas de combatir la corrupción, pero se olvida que el mismo comparte espacio con los actores y autores claves de la red de corrupción más grande del país: el Estado, por doloroso que nos sea, y el Partido Colorado, que no es de sorprender.
De la corrupción no se habla
La retórica anticorrupción de Santiago Peña ha sido una constante en su discurso. Desde su asunción, no ha escatimado en declaraciones rimbombantes sobre su compromiso con la transparencia y la lucha contra los corruptos. En agosto de 2023, en un evento internacional, abogó por “acciones conjuntas contra la corrupción”, destacando la necesidad de un esfuerzo colectivo para erradicar este mal. Meses antes, en mayo de 2023, aseguró que su gobierno trabajaría “con Estados Unidos en la lucha contra la corrupción y el narcotráfico”, alineándose con la narrativa de compromiso internacional contra estos flagelos.
El 26 de junio de 2024, Peña afirmó que Paraguay necesita “una justicia más pronta, barata y eficiente”, enfatizando la urgencia de reformar el sistema judicial para mejorar su funcionamiento. Semanas después, el 3 de julio, solicitó apoyo para proyectos emblemáticos y su plan de seguridad, presentando así su gobierno como una administración decidida a cambiar la realidad del país.
El 3 de diciembre del mismo año, promulgó la Ley de Integridad, asegurando que estaba tomando “el camino menos recurrido” para combatir la corrupción. Un acto que, en apariencia, reafirma su voluntad de fortalecer la institucionalidad y la transparencia.
Sin embargo, las palabras y las acciones no siempre caminan juntas. Mientras Peña intenta construir su imagen de “promotor anticorrupción", los hechos lo desmienten. El escándalo de los chats filtrados del exdiputado Lalo Gómez expone el entramado de influencias y manipulaciones dentro de la justicia paraguaya, revelando cómo fiscales, jueces, ministros, e inclusive el mismo vicepresidente Pedro Alliana operan en una red de corrupción y amenazas. Entre los implicados, destaca la figura del legislador Orlando Arévalo, exmiembro del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, una institución que, irónicamente, debería velar por la integridad del sistema judicial.
Ante semejante escándalo, el presidente, a diferencia de su elocuencia en foros internacionales, optó por el mutismo. Hasta el momento no dio declaraciones contundentes, tampoco hay sanciones para ninguno de los implicados en los chats y, por supuesto, no hay promesas de investigación, más que una "cumbre de poderes", de la que vamos a hablar más adelante.
El silencio ante la corrupción de los suyos
Cuando estalló el escándalo de los chats de Lalo Gómez, Peña se encontraba en compañía del implicado. Mientras la ciudadanía esperaba respuestas, el presidente posaba con Orlando Arévalo, dándole legitimidad con su cercanía. Arévalo, quien debía velar por la transparencia como miembro del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, quedó en evidencia como parte del entramado corrupto. Las imágenes fueron eliminadas de las redes sociales oficiales, pero hasta ese entonces, Peña seguía sin pronunciarse.
Días después fue Marco Alcaraz otro de los mencionados en los chats, quien pasó de compartir asados con Lalo Gómez a sentarse cómodamente con Peña en Mburuvicha Róga. Hoy goza del respaldo absoluto del titular del Ejecutivo. Con esto, la impunidad logra materializarse, no sólo en fotografías, sino también en el discurso.
Vale recordar que en esta semana, tras su presencia en la inauguración de los Juegos Panamericanos Junior ASU 2025, el presidente fue consultado sobre los mensajes filtrados que salpicaba a su ministro de Inteligencia, Peña esquivó la pregunta respondiendo: "Deportes, papá, otro día vamos a hablar de eso".
La estrategia del presidente fue clara: callar, minimizar y desviar. Evitó cualquier pronunciamiento que lo obligue a tomar una postura firme contra los suyos durante más de una semana, permitiendo que los involucrados sigan operando con total impunidad. El ejemplo claro fue su respuesta: dijo que su rol es ser presidente de la República y no comentarista, evitando, una vez más, posicionarse sobre el caso. Así, el discurso anticorrupción queda reducido a una mera puesta en escena para los foros internacionales, mientras en Paraguay la corrupción sigue siendo la norma.
Finalmente llegó el gran día. "La corrupción es un flagelo que afecta a todos los paraguayos, no solo a la clase política, sino a toda la sociedad paraguaya", fueron las palabras del presidente, que para justificar su silencio por varios días, indicó que la misma situación también lo viven instituciones, organizaciones y medios de comunicaciones
Ya veremos qué puede salir de la dichosa cumbre, que parece ser más una cumbre de amigos que otra cosa : Basilio Núñez (ANR-HC), Raúl Latorre (ANR-HC), César Diesel (ANR-HC) Emiliano Rolón (ANR) y Camilo Benítez (ANR).
El sepulturero de Quiroga estaría feliz al ver al presidente Santiago Peña disfrutando de lo “bien” que le va como autoridad del paraíso artificial, mejor conocido como República del Paraguay. Pero sin dudas, en algún momento, la realidad se impondrá. Y cuando eso suceda, el silencio ya no será suficiente para sostener la farsa.

Comentarios
Publicar un comentario