La elección de un Papa estadounidense sacudió al mundo. ¿Y si no fue casualidad? ¿Y si fue una jugada estratégica de Francisco? Tal vez una forma de influir en un orden global cada vez más inestable, autoritario y deshumanizado.
Por Mario Larroza
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| Foto: Agencia EFE |
Nadie puede negar que, durante su pontificado, Francisco se posicionó como un crítico claro del sistema económico global imperante, del belicismo y de las políticas autoritarias disfrazadas de populismo. Su posicionamiento hacia figuras como Donald Trump no fue secreto. Entonces, ¿y si su influencia en el Colegio Cardenalicio apuntó a colocar un contrapeso interno, una figura desde adentro del propio imperio?
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| Ivanka Trump, la primera dama Melania Trump y el presidente Donald Trump con el Papa Francisco durante una reunión. Foto: Evan Vucci/AP |
El mensaje de paz que difundía Francisco siempre estuvo también ligado a acciones políticas concretas: la reforma de la Curia Romana (buscando mayor transparencia, eficiencia y descentralización), la promoción del diálogo interreligioso, la defensa de los derechos humanos y el enfoque en la pobreza y el cuidado de los más vulnerables. También se destacó por su compromiso con el medio ambiente y la justicia social
Un Papa estadounidense podría tener, simbólicamente, la fuerza moral para interpelar al poder desde el corazón mismo de su geografía y el mundo entero. Un contrapeso a posiciones autoritarias vestidas hoy de traje y corbata, a la política de la guerra como negocio y al negacionismo climático . Si esto fuera así, estaríamos ante una jugada maestra: convertir al Vaticano en un actor geopolítico que responde con espiritualidad a la lógica de la dominación global.
¿Y si Francisco, antes de irse, colocó una pieza que desestabilice al imperio desde adentro? Tal vez no sea ingenuidad, sino una estrategia de alta política disfrazada de elección divina.


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