La región necesita una alianza de desarrollo económico que reconozca la necesidad, antes que nada, de un proceso de convergencia regional en materia de integración, similar a lo que fue en su momento la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).
Por Mario Larroza - Politólogo
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| Banderas de la integración de América Latina (CELAC) -Jaime Acosta |
Varios estudios geopolíticos y macrofinancieros señalan la situación preocupante en la que se encuentran los países del mundo. La geopolítica manifiesta que hoy nos encontramos en un mundo multipolar y ya no unipolar. Para la macroeconomía, la crisis de la deuda pública sigue generando duros golpes a América Latina y el Caribe después de la crisis sanitaria del Covid-19, lo que ha obligado a los estados a enfocar toda su atención en el problema, poniendo en marcha políticas de emergencia en salud, trabajo y educación.
Ahora bien, con el fin de la crisis sanitaria, organismos como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe no tardaron en mostrar el estado en el que han quedado algunos países después del arduo trabajo de la maquinaria estatal. Sin embargo, lo cierto es que, en estos momentos, la mayoría de los países de América Latina y el Caribe han retomado los niveles del PIB previos al 2020. Pero eso no es todo.
Un escenario geopolítico en el que se encuentran hoy los países de América Latina y el Caribe es tener bien claro un proyecto y una agenda de gobierno acorde a los nuevos desafíos. Y junto con ello, quizás lo más importante, el aliado con quien se llevará a cabo esa agenda.
La mirada multipolar de la que hoy hablan los estudios geopolíticos hace referencia al fin de Estados Unidos como la única potencia global, desde el final de la Guerra Fría (1991) hasta el inicio de la crisis financiera global (2008) (1), y la aparición de nuevos centros de poder agrupados en economías emergentes, como es el caso de los BRICS, que incluye a Brasil como socio fundador, reconociendo su importancia como potencia latinoamericana. Ante esto, ¿cuál es la agenda que manejan los países de América Latina y el Caribe respecto a estos nuevos centros de poder económico?
En el caso del BRICS, el interés de sumar a la región hacia una nueva agenda de desarrollo económico-comercial se manifiesta a través de lo que conocemos como la Nueva Ruta de la Seda, que busca incorporar a varios países latinoamericanos en la agenda asiática. La idea fue propuesta por uno de sus aliados de peso pesado, China, como parte de su agenda de relaciones comerciales con Sudamérica, bajo el esquema 1+3+6: un plan, tres motores (comercio, inversión y cooperación) y seis campos prioritarios (energía y recursos, infraestructura, agricultura, manufactura, innovación científica y tecnológica, y tecnologías de la información) (2). El objetivo concreto de esta alianza redefine geopolíticamente el continente euroasiático, uniendo los puertos del Pacífico en el Lejano Oriente ruso y chino con los puertos marítimos en Europa, además de contemplar una ruta marítima hacia África. En esto, la inserción de Sudamérica es principalmente de matriz ferroviaria, y uno de los ejes más importantes es el ferrocarril bioceánico, diseñado para conectar el Atlántico con el Pacífico en un corredor logístico Brasil-Perú de 5,000 kilómetros. La participación de Brasil es fundamental porque, cuando este plan se encuentre en pleno desarrollo, habrá demanda de recursos naturales estratégicos (3) que ya están en el centro de la geopolítica entre China y EE. UU. (4)
Requiere de mucha responsabilidad tomar la decisión de apostar por algo diferente, especialmente en medio de las tensiones que existen entre las potencias. Es decir, cualquier decisión que tomen algunos de los países de América Latina y el Caribe significa estar en el ojo de la tormenta, lo cual influiría de forma categórica en la gobernabilidad al interior de sus respectivos países, y esto, en pocas palabras, es costoso. ¿Quiénes sufren? ¡El pueblo! ¿Pero cuál debería ser entonces la alternativa para la mayoría de los países del continente?
Según el informe macroeconómico de América Latina y el Caribe del BID en 2023, los países de la región necesitaban abordar un triple desafío, tres retos macroeconómicos complejos e interconectados, para alcanzar las aspiraciones de desarrollo y bienestar de sus poblaciones (5): el reto social, fiscal y de crecimiento. Ese triple desafío se logró, según el último informe macroeconómico presentado por el BID en abril de este año (6), coincidiendo con las proyecciones económicas de la región para 2024 arrojadas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) (7), gracias al crecimiento mundial, elemento impulsor clave en las economías de América Latina y el Caribe, alcanzando una tasa de crecimiento del 2,1%, superando las proyecciones iniciales del año pasado. ¿Cuál fue la clave? Si bien ambos organismos señalan a dos actores clave en la trama, conviene decir que no son los únicos héroes, pero sí los mayores protagonistas. Hablamos del aporte de México y Brasil al mercado regional y externo, que ayudó a la dinámica regional a avanzar.
En el caso de México, la economía se vio favorecida por un sólido consumo interno, impulsado por el aumento de las remesas de los trabajadores migrantes, la recuperación del mercado laboral y el crecimiento de la clase media. Por otro lado, Brasil, como gran exportador de materias primas, se benefició de la elevada demanda global de productos básicos, impulsada por la recuperación económica mundial y la situación en Ucrania.
Así, México y Brasil son motores importantes del crecimiento regional, siendo las dos economías más grandes de la región. El desempeño positivo de ambos contribuye a mitigar los efectos negativos del contexto global incierto, marcado por la guerra en Ucrania, el aumento de la inflación y la desaceleración del crecimiento en las economías desarrolladas.
Ante la pregunta de cuál debería ser la alternativa de la mayoría de los países del continente a la hora de elegir los aliados estratégicos que acompañen sus respectivas agendas de desarrollo económico, se debe tener en cuenta que la necesidad está por encima, incluso, de una mera agenda financiera.
La región necesita una alianza de desarrollo económico que reconozca la necesidad, antes que nada, de un proceso de convergencia regional en materia de integración, similar a lo que fue en su momento la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). De esta manera, se podría dirigir, como bien lo indica CEPAL, la mirada hacia la inversión en diversas áreas críticas para incrementar la productividad: infraestructura, telecomunicaciones, digitalización, investigación y desarrollo, mejoras significativas en los programas de salud, y una adecuación de los sistemas educativos para responder a los cambios que la digitalización y automatización suponen para los mercados laborales.
Notas:
(1) Lista de los 10 principales riesgos geopolíticos hasta 2025. LISA Institute,... En Línea:https://www.lisainstitute.com/blogs/blog/lista-10-riesgos-geopoliticos-tendencias-seguridad-2019-2025
(2) BRICS: ¿disputa por América Latina?. Celag DATA, 16/11/2019. En
Linea: https://www.celag.org/brics-disputa-por-america-latina/
(3) Página 12: “Con el plan de Bolsonaro, Brasil se reprimariza”, por Natalia Aruguete; 3/02/2019; citado por Celag DATA el 16/11/2019.
En Linea: https://www.pagina12.com.ar/172445-con-el-plan-de-bolsonaro-brasil-se-reprimariza
(4) Los recursos estratégicos de Latinoamérica en la guerra China-EE. UU. Celag DATA, 07/06/2019.
En Línea: https://www.celag.org/los-recursos-estrategicos-de-latinoamerica-en-la-guerra-china-eeuu/
(5) Preparar el terreno macroeconómico para un crecimiento renovado en 2023. Informe macroeconómico de América Latina y el Caribe 2023.
(6) Informe macroeconómico de América Latina y el Caribe 2024. Informe macroeconómico de América Latina y el Caribe 2023.
(7) Economías de América Latina y el Caribe crecerán 2,1% en 2024, en un contexto de incertidumbre a nivel global; 09/05/2024.

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